El Carbon Reduction Commitment (CRC) Energy Efficiency Scheme, que requiere que las organizaciones midan, gestionen y reporten la emisión relacionada con el uso de energía entró en vigencia el 1ro de abril de 2010.
Según índices del mercado, la cantidad de organizaciones que están atrasados en su preparación para el cumplimiento de la norma es significativa. Al 23 de agosto, sólo una tercera parte de las organizaciones afectadas han sido registradas, de acuerdo a los informes de la Environment Agency. El registro cierra el 31 de septiembre de 2010.
Hay tres áreas principales en las que las compañías están retrasadas:
- Primero, entender si es necesario que cumplan con la regulación. Esto ha sido generado ya sea por la confusión acerca de las reglas de CRC o la insuficiencia en los recursos dedicados al cumplimiento de las mismas.
- Segundo, la recolección de información necesaria para el CRC y para asegurar una auditoría transparente. Entre los casos, se incluyen todos los medidores de media hora, completar el proceso de registro y recolectar la información necesaria para el pack de CRC.
- Tercero, registrarse para lograr el Early Action Metric para la League Table de casos de éxito. Esto podría significar grandes beneficios para las organizaciones, equivalente al 10% del total de carbono permitido comprado.
Con penalidades sustanciales, incluido por ejemplo £5.000, al que se le suman £500 por cada día extra de no registro, la urgencia de cumplir con el CRC no puede ser ignorada.
Una fuente de riesgo en la cadena de suministros que amenaza con tener un rol significativo en un futuro cercano es el compromiso de los proveedores con la emisión de huella de carbono. El último mes, Wal-Mart, uno de los mayores minoristas mundiales, anunció que recortaría 20 millones de toneladas métricas de emisión de gases de efecto invernadero de su cadena de suministros a finales de 2015. Esto equivale a retirar 3,8 millones de automóviles de circulación durante un año.
Para lograr este objetivo, los compradores de todos los sectores están empezando a ser los responsables de encontrar proveedores alineados con las políticas de su compañía respecto a la huella de carbono y empiezan a seleccionar proveedores activos en el monitoreo de la emisión de huella de carbono. Este foco creciente en la cadena de compras para reducir la huella de carbono no es sorprendente.
De acuerdo al McKinsey Global Institute Report 2008, “para los fabricantes de bienes de consumo, los de alta tecnología y otros, entre el 40 y el 60% de la emisión de huella de carbono proviene de su cadena de suministros. Para los minoristas, ese porcentaje puede llegar a un 80. Por lo tanto, cualquier actividad significativa para reducir la emisión de carbono requerirá la colaboración con los socios de la cadena de suministros”.
La legislación ya está empujando a varias organizaciones a pensar acerca del uso de carbono. El primero de abril, 5000 compañías en el Reino Unido se verán afectadas por la nueva legislación que requiere que todas las compañías con medidores eléctricos de media hora se registren en CRC Energy Efficiency Scheme, comprometiéndose a presentar una declaración jurada con el uso de carbono de la empresa.
Pronto, el riesgo de dormirse en los laureles en cuanto a la emisión de carbono puede ser uno de los más significativos en los proveedores mientras que los compradores buscan reducir la huella de carbono a través de sus cadenas de suministros.
Sin embargo, proveedores, y más probablemente compradores, están perplejos ante el rango de los estándares emergentes, las técnicas de medición, las herramientas de reporte y los métodos de administración disponibles y los proveedores ven como un desafío la complejidad de la información a presentar ante varias organizaciones.
Claramente, establecer un ambiente en el que progreso práctico pueda lograrse requiere un tratamiento colaborativo por industria, con la base de que los desafíos de interpretación e implementación pueden ser claramente entendidos y utilizados para desarrollar metodologías de mejores prácticas que puedan ser compartidas en la comunidad.
Investigaciones han demostrado, por ejemplo, la inexactitud de los calculadores de carbono. Después de todo, no tiene mucho sentido que los proveedores trabajen independientemente, cada uno tomando sus propias medidas a su manera, con resultados diferentes. Trabajando colaborativamente, se asegura que los compradores pueden realizar comparaciones reales y, lo que es más, los costos son compartidos. Por supuesto, este proceso debe ser auditado correctamente y los proveedores certificados con un estándar común.
El sector de utilities está marcando tendencia al adoptar un manejo colaborativo de este problema, trabajando con el internacionalmente reconocido Certified Emissions Measurement and Reduction Scheme (CEMARS). Vale la pena que otros sectores comiencen a trabajar de la misma manera también.